Si creas, cree en lo que haces. De eso va este post, y de cómo no restar valor al talento.

Revisando mis redes sociales me encuentro con un post de una amiga diseñadora. En él se muestra un pantallazo de una oferta de empleo: “Se busca diseñador web. Sólo profesionales con ganas de trabajar a un precio proporcionado y lógico. Se trata de crear una especie de tienda en WordPress. Proyecto definido. Pago un máximo de 300 eur. (todos plugins incluídos). Gracias”

En esta era de la virtualización, donde la imagen cuenta más que nunca, lo visual es lo que más vende, y todo el mundo quiere estar presente en la web, no deja de sorprenderme como cada vez más, el trabajo creativo se desvirtualiza de una manera aterradora.

Queremos comer, pero no queremos cocinar.

Una creación artística, bien sea un diseño de marca, una ilustración, una fotografía, un texto, requiere de un trabajo profundo previo y una formación específica, que conlleva un coste económico y un esfuerzo personal. Cómo sale de la mente, parece que no lleve mano de obra; parece que no cueste nada. Si así fuera, no existirían servicios profesionales y cada uno se haría sus propias recetas.

El mercado se aprovecha de la ingente demanda de empleo haciendo que parezca que nos hacen un favor ofreciéndonos trabajos mal pagados. Es un pez que se muerde la cola. Es pan para hoy, y hambre para mañana.

Creo que la labor de darle valor al trabajo creativo debe nacer del propio creativo, rechazando esas ofertas, manteniéndose firmes y con la seguridad de saber que su trabajo sí tiene valor. Si nos bajamos los pantalones para conseguir cuatro perras, nunca conseguiremos que se nos respete, ni a nosotros, ni a nuestro trabajo.

Cada trabajo tiene un valor, calculado en base a muchos parámetros que como mínimo deberían de ser, formación y experiencia, y horas de trabajo requeridas. Pueden haber costes asociados, como desplazamientos, consumo eléctrico, vida del equipo con el que trabajes. Eso ya es a criterio de cada uno. Pero hay unos mínimos fundamentales que no hay que sobrepasar a la baja, porque si lo hacemos, lo que conseguimos no es un dinero extra, sino, restarle valor al talento.

Mi profesor de fotografía nos dió unos parámetros para decidir cuándo aceptar un trabajo. De tres valores principales (ingresos, prestigio y disfrute) siempre deben darse dos para decir “sí”. Por ejemplo:

1. Me ofrecen un trabajo que me aporta un ingreso justo: No.
2. Me ofrecen un trabajo que me da prestigio: Sí.
3. Me ofrecen un trabajo en el que voy a disfrutar: Sí.

 

Volviendo a la oferta de empleo que ha generado esta reflexión, veamos cómo también se desprestigia el trabajo que ofrece en su propia descripción:

“Se busca diseñador web. Sólo profesionales con ganas de trabajar a un precio proporcionado y lógico. Se trata de crear una especie de tienda en wordpress. Proyecto definido. Pago un máximo de 300 eur. (todos plugins incluídos). Gracias”

Habla de un “precio proporcionado y lógico” de 300€ por la creación de “una especie” de tienda en WordPress, con “todos los plugins incluídos”. A esto le llamaba mi abuela “querer ChocoLomo”; es decir, quererlo todo. Y aún me parece más grave no saber muy bien qué se quiere. ¿Necesitas “una especie de tienda” online? ¿Eso qué quiere decir? ¿No es una tienda como tal? ¿Cuáles son los matices?.

No propongo una polémica, sino una reflexión desde ambas partes. Así que reflexionemos, que por lo menos da las gracias.