El otro día me pasó algo muy curioso viendo el programa de “Todo va bien” en Cuatro. Había dos niñas de unos 8 años a las que les pusieron una máquina de escribir delante, ¡y no sabían que era ese aparato! Me sorprendí pero enseguida pensé que, realmente, cuando mis sobrinas de 4 y 1 año crezcan tampoco sabrán que es eso y ni tan siquiera llegarán a entenderlo. Y es que, los niños de hoy en día no nacen con “un pan bajo el brazo”, nacen enganchados a un móvil o tablet.

Las nuevas tecnologías se convierten en sus nuevos juguetes, su nueva forma de ocupar el tiempo. Ya no se practica el juego compartido ni se interactúa con otros niños, ahora pasar horas viendo imágenes o vídeos en un móvil o navegar por Internet sin saber qué contenido encontrará ese niño es lo más habitual. Increíble pero cierto.

Las nuevas tecnologías y redes sociales son positivas pero hasta cierto punto, creo que “se nos está yendo de las manos”. En nuestro trabajo nos beneficia, nos ayuda a que todo el mundo nos conozca, incluso podemos trabajar en todos los lugares sin estar presentes porque ya no existen las distancias.

Con todo esto no quiero decir que no se pueda utilizar particularmente como ocio, pero es triste que aunque parezca que la comunicación ha evolucionado, el trato personal se ha perdido.

A esas nuevas generaciones les pasará como con la máquina de escribir que os contaba, ya no conocerán las conversaciones, quedadas con amigos y momentos de ocio sin las nuevas tecnologías de por medio, sin tener su móvil al lado o una tablet en la que poder consultar cualquier información de forma instantánea.

Cuesta mucho ver un sentimiento sin que sea convertido en emoticono. Afortunados los móviles que son los únicos que se llevan las sonrisas de la gente.